Eguzkilore
Se rieron cuando saqué una baraja del bolsillo.
Hasta que terminé el primer truco.
"Alain hace magia, ¿lo sabíais?"
Mi grupo de amigos aprovecha cualquier momento social para soltar esa frase.
Alguien me mira con curiosidad.
Otro levanta una ceja, escéptico.
Siempre hay alguno que dice lo de siempre:
"A ver, haz algo."
Saco la baraja y, justo antes de abrirla, escucho la frase que he oído decenas de veces:
"¿Siempre llevas una baraja encima?"
El tono lo dice todo: un poco de burla, un poco de incredulidad.
"Sí. Soy un friki."
Lo digo con la misma seguridad con la que un samurái desenfunda su katana.
Sé lo que está a punto de pasar.
La adrenalina me golpea, noto mis pulsaciones, me tiemblan las manos.
Uno de ellos se ríe.
"Te tiemblan las manos, jajaja."
No falla. Siempre hay alguien que intenta ponerse por encima.
"Es que me pones nervioso."
Suelto con media sonrisa.
Pero sé la verdad.
Sé lo que viene.
En diez segundos, su risa se va a convertir en asombro.
Empiezo a mezclar.
Primero, alguna mirada de reojo.
Luego, un "ostias" en voz baja.
Y cuando se quieren dar cuenta, hasta el más escéptico está con la boca abierta y sin saber qué decir.
Lo más ingenioso que se le ocurre es un:
"¿Cómo lo has hecho?"
Pero ya es tarde.
Como si fuese a explicarlo, empiezo otro juego.
Sin darse cuenta, vuelven a estar atrapados.
Voy a por el final.
Miro mis manos. Abro los dedos. Reviso mis mangas.
Nada, solo una baraja mezclada.
Chasqueo los dedos.
Y sin que nadie entienda cómo…
Las cartas se ordenan sin que yo las toque.
Boom.
Gritos.
Incredulidad.
Los que antes dudaban, ahora aplauden.
"¡Tío, hazte otro! Espera, espera… que llamo a un colega para que vea esto."
De repente, hay un corro.
La gente se acerca.
Se hace el silencio.
Y lo curioso es que esa misma reacción, la puede conseguir cualquiera.
Pero hay un secreto.
No tiene nada que ver con talento.
Mucha gente intenta hacer un truco con la baraja roñosa de casa y fracasa.
No es su culpa.
Las cartas pegadas, las esquinas dobladas… imposible hacer algo decente con eso.
Pero si tienes una buena baraja y conoces las técnicas adecuadas, en cuestión de minutos puedes estar fascinando a decenas de personas.
Ni siquiera necesitas aprender a mezclar.
Por eso diseñé la baraja EGUZKILORE.
Inspirada en la cultura vasca, con los eguzkilores en el dorso como símbolo de seguridad y detalles en las figuras que homenajean la cultura vasca.
De calidad profesional, con equilibrio perfecto entre robustez y flexibilidad.
Las sacas de la caja y ya notas la diferencia: desliza perfecta, no se engancha, parece que las cartas se colocan solas.
Pero NO es solo una baraja.
Es una herramienta.
Puedes usarla como excusa para romper el hielo.
Como tu nuevo Fidget Toy para entretenerte mientras ves una peli o estudias.
O simplemente para convertir cualquier tarde normal en una sesión de juegos de mesa.
Pero aquí viene lo mejor:
Dentro de cada baraja hay una carta especial.
Una llave de acceso a los primeros dos módulos del primer curso de cartomagia en euskera.
En minutos, estarás haciendo tu primer truco.
En menos de un mes, dominarás 13 juegos listos para dejar con la boca abierta a cualquiera.
Ahora, piénsalo un segundo.
Un juego de mesa sencillo cuesta 13,75 €
Un curso de magia profesional, mínimo 50 € (y en euskera, ni existen)
Las barajas de diseño empiezan en 12 € y algunas se revalorizan hasta más de 500 €
Un kit de magia básico (que acaba olvidado en un cajón), 27,90 €
Uno más decente, con trucos que valen la pena, lo podrías conseguir por 90 €
Pero EGUZKILORE no te va a costar 90 €.
Tampoco 40 €.
Ni siquiera 20 €.
El precio de lanzamiento es de tan solo 12 €.
Sí, menos de lo que cuesta un juego de mesa barato.
Y lo mejor: el curso viene incluido de regalo.